El tomate es uno de los ingredientes más usados en todo el mundo y su consumo frecuente podría estar relacionado con mejoras en las conexiones cerebrales que optimizan funciones cognitivas como la atención y la memoria. Un ensayo aleatorio liderado por investigadores de la Universidad de Barcelona encontró que el licopeno, antioxidante presente en el tomate, papaya y sandía, puede atravesar la barrera hematoencefálica y reducir la neuroinflamación. En el estudio, 42 adultos sanos de 40 a 55 años siguieron dos dietas: una rica en 35 gramos de pasta de tomate al día durante tres meses y otra baja en licopeno, con un mes de descanso entre ambas. Después de cada fase, se midieron niveles de licopeno en sangre, se realizaron pruebas cognitivas y escáneres cerebrales a un subgrupo de 14 participantes. Los resultados mostraron un aumento de licopeno y un leve incremento de la proteína BDNF tras la dieta rica en tomate, junto con mejoras en la atención selectiva y la memoria asociativa. Los escáneres revelaron cambios en la conectividad cerebral: reducción de la conectividad en estado de reposo en las redes frontoparietal y auditiva durante el alto consumo de licopeno, y una disminución en la red de atención dorsal cuando la dieta era baja en tomate. Los autores, publicando en la revista Antioxidants, señalan que estos cambios sugieren una reorganización funcional de las redes cerebrales a gran escala, mejorando la eficiencia y adaptabilidad neuronal. Aclaran que los hallazgos son preliminares, el estudio no establece una relación causa‑efecto concluyente y tiene limitaciones como el pequeño tamaño de la muestra para imágenes cerebrales y el conocimiento previo de los participantes sobre el experimento. No obstante, concluyen que el consumo regular de tomate podría mejorar la atención selectiva y la memoria asociativa en adultos sanos de mediana edad mediante mecanismos neurotróficos y neuroprotectores mediados por antioxidantes.

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