La decisión del próximo gobierno de Colombia de cerrar su embajada en Cuba es una de las primeras señales del giro en política exterior que impulsará Abelardo de la Espriella desde el 7 de agosto. La medida, que ya fue anticipada por integrantes del equipo de transición, también encaja con la estrategia más amplia promovida desde Washington para profundizar el aislamiento diplomático del régimen cubano.

Según pudo saber LPO, el vicepresidente选举 José Manuel Restrepo estuv esta semana en Estados Unidos, donde mantuvo reuniones con funcionarios y referentes del Partido Republicano. Fuentes al tanto de esos encuentros aseguran que uno de los temas abordados fue precisamente el cierre de la representación diplomática colombiana en La Habana, medida que la nueva administración considera prioritaria para marcar el quiebre de la política exterior de Gustavo Petro y de la izquierda latinoamericana.

En Palacio dudan que Claudia envíe un representante a la cumbre de Marco Rubio contra el terrorismo. En ese mismo viaje comenzó a delinearse un objetivo más ambicioso del Departamento de Estado. De acuerdo con una fuente en Washington consultada por LPO, Marco Rubio busca que el próximo gobierno colombiano sea el primero de una serie de administraciones sudamericanas que reduzcan o eliminen su vínculo diplomático con Cuba.

La estrategia incluye conversaciones con el entorno de la presidenta electa de Perú, Keiko Fujimori, que asumirá el próximo 28 de julio, y también con el gobierno venezolano encabezado por Delcy Rodríguez, cuya relación con La Habana atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión en años.

Marco Rubio alista una cumbre con más de 60 países contra el terrorismo trasnacional. En el caso venezolano, la ruptura con el aparato cubano comenzó a acelerarse en los últimos meses tras la salida de médicos enviados por la isla y el deterioro de los acuerdos de cooperación que durante décadas sostuvieron la alianza entre Caracas y La Habana. Ese enfriamiento abrió una ventana que Washington intenta aprovechar para profundizar el aislamiento del gobierno cubano.

En Colombia, la medida ya fue ratificada públicamente por el futuro inmue, Omar Bula, quien confirmó que la administración de De la Espriella no mantendrá embajadas ni en Cuba ni en Nicaragua, dos gobiernos a los que identifica como aliados de los regímenes autoritarios de la región. Bula sostuvo que mantener representación diplomática en esos países implica "legitimar la dictadura".

En contraste, adoptó un tono más prudente respecto de Venezuela y reconoció que no espera cambios inmediatos en Caracas. "La presencia del socialismo del siglo XXI tiene raíces profundas. Los cambios no se pueden hacer de un día para otro", afirmó en una entrevista al medio colombiano Noticias Caracol.

El movimiento diplomático regional forma parte de la arquitectura que impulsa Marco Rubio de cara a la cumbre hemisférica convocada oficialmente para coordinar acciones contra el terrorismo, aunque en distintos gobiernos latinoamericanos interpretan que el verdadero objetivo del encuentro es consolidar un bloque regional de gobiernos alineados con Washington frente a Cuba, Nicaragua y los sectores de izquierda.

Como adelanto LPO, esa lectura explica las dudas del gobierno de Claudia Sheinbaum sobre enviar un representante al encuentro. En Palacio Nacional consideran que la convocatoria excede la agenda de seguridad y busca convertirse en una plataforma política para reordenar alianzas ideológicas en la región bajo el liderazgo del secretario de Estado estadounidense.

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