El jueves pasado en Dallas, Texas, Donald Trump tuvo otra gran idea y, bajo la premisa de que prometer no empobrece, ofreció 5,000 dólares a cada persona que vote por el Partido Republicano en los comicios de noviembre, lo que implicaría un gasto de 1.2 billones de dólares. A veces las cosas que un periodista tiene que reportar se vuelven tan oscuras y absurdas que provocan una risa nada humorística, sino más bien loca. Qué hacer cuando se observa al mandatario estadunidense públicamente ofrecer sobornos a los votantes de este país, literalmente comprar el voto por 5,000 dólares a cada adulto estadunidense para mantener el control del Congreso por su Partido Republicano. No solo implica un gasto de más de 1.2 billones de dólares –de los que nadie sabe de dónde saldrán–, sino también la legalidad de sobornar a los ciudadanos desde la Casa Blanca. Sin embargo, el sistema electoral ha estado a la venta a los postores más ricos. Los megadonantes millonarios ya intentan comprar el resultado de la próxima elección intermedia –los 20 más generosos ya han invertido 1.2 mil millones de dólares para esta contienda, la mayoría a favor de los republicanos, según informó The New York Times; otros mil millones (un cálculo conservador) en lo que llaman “dinero oscuro” ya están fluyendo hacia estos comicios intermedios; es “oscuro” porque no se sabe quiénes son, ya que canalizan esos recursos mediante entidades de cabildeo y acción electoral. Expertos pronostican que se romperán récords en la suma de dinero que costará el proceso en el que estará en disputa el control de ambas cámaras legislativas. Y si el dinero no es suficiente, también se vale hacer trampa. El mandatario, en la misma convención republicana en la que ofreció su soborno a la ciudadanía la semana pasada en Dallas, obligó a los miles de asistentes a jurar lealtad “al presidente más grandioso en la historia de Estados Unidos” y que harán todo, incluyendo “engañar como el infierno” para ganar esta próxima elección. Se ha estado preparando el terreno para suprimir el voto de varios sectores y, en algunos estados, redibujando distritos electorales para marginar comunidades que suelen votar por los demócratas, amenazando con desplegar agentes de migración armados a las casillas, amenazas contra autoridades electorales estatales –incluyendo investigar penalmente a algunos funcionarios– y más. No se puede descartar que el mandatario y su gente intenten usar medidas aún más alarmantes para poner en tela de juicio los resultados o incluso invocar leyes de emergencia nacional para congelar y hasta anular el proceso electoral. Pero si el dinero e intentos de fraude y más no funcionan, parece que habrá intervención divina, ya que en la cuenta oficial de Trump en la red social X se divulgó un video que proclama: “Dios nos dio a Donald Trump” para salvar al país y luchar contra enemigos, incluyendo “marxistas” (https://x.com/realDonaldTrump/status/2097804869994176561?s=20). Los que critican y rechazan todo esto son etiquetados por el mandatario y sus subordinados, como su secretario de Estado, su vicepresidente y líderes legislativos, de “comunistas”. Durante meses se ha empleado esa acusación neomacartista. Aún no se sabe si funcionará, porque para muchos suena un poco anticuada y caduca. Entre los más fieles parece tener efecto: la semana pasada el senador Ted Cruz calificó al alcalde de Nueva York y a candidatos demócratas progresistas de comunistas, provocó que los asistentes en la convención corearan “¡mátenlos!” y “¡disparen contra ellos!” El mismo presidente aprendió esta retórica desde joven –fue capacitado en política por el amigo de su padre Roy Cohn, quien fue el brazo derecho del senador Joe McCarthy en los cincuenta. Y hablando del padre del presidente, Fred, el historiador Adam Hochschild, en su libro American midnight, escribe sobre una marcha de unos mil integrantes del grupo de supremacía blanca Ku Klux Klan por Nueva York en 1927. Entre los encapuchados arrestados por provocar violencia estaba un empresario de bienes raíces llamado Fred Trump. Como periodistas nos toca reportar todo esto “objetivamente”. La risa loca y buscar refugio en los blues son cosas privadas, aunque también dan ganas de reportarlo. Uno se consuela con milagros como este periódico en el que escribo esto, comparto música y la ira colectiva, así como recordar la frase del cantautor Leonard Cohen: “hay una grieta, una grieta en todo / Así es como se deja entrar a la luz”. Leonard Cohen. Anthem. https://www.youtube.com/watch?v=c8-BT6y_wYg

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